domingo, 8 de mayo de 2011

ALZA DEL PAN


       Por Alfonso Ríos Larrain


          En carta publicada en El Mercurio del pasado viernes 6 de mayo, la lectora Fernanda Perello pregunta por qué sube el pan mientras ella no puede vender su trigo por el bajo precio que ofrecen los molinos. Hay distintos motivos. Uno de ellos está implícito en su misma queja: al guardar su trigo, ella comprime la oferta generando escasez; esto encarece la harina, producto necesario para fabricar el pan. Si todos los productores de trigo tuviesen la capacidad financiera de doña Fernanda para almacenar sus cosechas y esperar condiciones de mercado más favorables para venderlas, los molinos estarían obligados a pagar más. Pero, según parece, hay trigo suficiente, los molineros estiman que la harina resiste un aumento de precio y los panaderos creen que el nuevo valor del pan, aunque pudiere afectar el consumo, mantendrá su negocio en pie y en condiciones saludables. Así de claro y sencillo.

          El director de Odepa, espoleado por la demagogia reinante, advierte una posible colusión de precios entre panaderías y promete investigar porque, según sus "rigurosos análisis" (sic), el alza debiera ser menor a la que anuncian los panaderos. ¿Es posible imaginar comportamientos monopólicos entre más de 5.500 fabricantes de pan que operan actualmente en Chile? Como la respuesta negativa es evidente, presumo que el diagnóstico de este funcionario está contagiado por la cantinela socialista que gusta restringir la libertad económica. Si la verdadera preocupación del gobierno es el daño que el alza de precio del pan provoca en el presupuesto de los más pobres y las consecuencias inflacionarias que reflejará el IPC, encárela con las herramientas legítimas que tiene el Estado para influir positivamente: disminuya los impuestos, el gasto público y la burocracia; procure mayor flexiblidad laboral y deje que el mercado arbitre el natural conflicto de expectativas entre productores, fabricantes y consumidores. Si así lo hiciere, ahorrará tiempo y gasto en "rigurosos análisis" de negocios privados y evitará incursiones como las del director de Odepa y de otros funcionarios públicos, tan amenazantes como insensatas.

          Doña Fernanda debe buscar respuestas a su inquietud en la ley de la oferta y la demanda. Hubo hace años un diputado de izquierda que propuso derogarla. Desde las bancadas de derecha le retrucaron: "Apoyamos su inciativa, honorable colega, pero con una condición: deroguemos al mismo tiempo la ley de la gravedad".  ARL

Nota del editor:  El diario El Mercurio de Santiago publicó un extracto de este artículo (07 mayo 2011)

martes, 3 de mayo de 2011

COLETAZOS DE "OSAMA, OBAMA Y LA FAMA"


Nota del Editor: Con motivo del blog anterior "Osama, Obama y la Fama" recibimos el siguiente comentario de María Gloria Ríos Larrain que reproducimos in extenso.

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"Entretenido artículo. Un alcance respecto a la fama.

Los ingredientes de la receta que hoy se emplea para alcanzar la fama son muy diferentes a la época de Virgilio. Entonces, era un concepto más "artesanal", mucho más austero y carente de "preservantes" (marketing). Por eso, pensadores, héroes, santos, guerreros, políticos y artistas de antaño deben su grandeza y veneración al mérito de su propio quehacer. Su fama trasciende la historia; permanecen, los citamos y recurrimos a ellos para avalar nuestras palabras.

Hoy, en cambio, la fama se construye en una gran fábrica. La manda a hacer cualquier engreído, cualquiera autoridad, gobierno o grupo que busca aprovechar una oportunidad para obtener dividendos. Y así fabricada, con el ingrediente de la frivolidad, se da fama a ciertos personajes que son tan efímeros como la acción que la generó y nos olvidamos rápidamente del "famoso" y de su obra apenas aparece otro que, merecidamente o no, lo opaca o lo mata. Con Obama y Osama, ambos productos del mercado, pasará lo mismo.

La fama de Barak Obama es producto del racismo: el mejor marketing para él, aunque indirecto, ha sido su color. Lo haga bien o mal, Obama pasará al Museo de Cera como el primer presidente negro de los Estados Unidos de América, aunque su obra logre superar mil veces su origen keniata. En otros tiempos, Osama Bin Laden habría sido un bárbaro invasor o un simple cuatrero, pero ha subido al altar de la fama gracias a las imágenes -mil veces vistas- del perfecto acto vandálico que ideó, programó y ayudó a ejecutar. No hubo nada más profundo en este acto que la inspiración de su odio. A eso debe su fama, además de la espectacularidad del atentado, por supuesto. Desde entonces, cuando las nuevas generaciones viajan a Nueva York les muestran el hoyo que hizo un árabe loco.

Será que pienso así porque conozco íntimamamente los mecanismos y mañas para levantar un producto, como también la fragilidad con que desaparecen cuando dejan de ser negocio. De momento se escribirán libros, se hará cine, se reactivará el negocio de las armas, de la prensa, de las religiones, de la seguridad, etc. Pero la lección que debiéramos sacar de este episodio -la TOLERANCIA- se habrá olvidado una vez más, tal como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia. Y el episodio, con otro nombre y distintos actores, se repetirá una y mil veces. Es el viejo cuento del bueno y del malo, aunque mucho más efímero de aquel otro que conocimos en nuestra infancia: La Caperucita y el Lobo Feroz .

Pido disculpas por esta larga reflexión. Espero no ganar fama de latera. Si así ocurriere, ojalá sea pasajera y se desvanezca minutos después de su lectura".

                  María Gloria Ríos Larrain

lunes, 2 de mayo de 2011

OSAMA, OBAMA Y LA FAMA

     Por Alfonso Ríos Larrain


          La fama, sin adjetivos, es un concepto neutro. Virgilio, consciente de que la envidia y la sospecha suelen redituar dividendos sociales más sustanciosos que presumir la bondad o buena fe en las acciones del prójimo, la define como malum quo non aliud velocius ullum ("un mal veloz como ninguno"), personificándola en un monstruo horrendo que representa el demoníaco poder de la publicidad y el rumor (Libro IV de La Eneida). Si Osama Bin Laden hubiese leído al gran poeta romano pudo aplicar para sí mismo una de sus máximas más famosas: "Vigila a quien pisas al subir porque te lo encontrarás al bajar". Sin embargo, el millonario terrorista saudiárabe no estaba para perder tiempo en recomendaciones que lo distrajesen de sus afanes político-religioso-criminales, de sus intereses financieros y de la necesidad de buscar refugio para evadir el implacable acoso de sus rastreadores. Ahora es tarde. Su cuerpo (según nos informan) está en el fondo de algún océano, mientras su alma (según predicaba) habrá sido acogida en hermosos jardínes, con los buenos vinos y las hermosas vírgenes que promete el Corán, rodeado de terroristas cuyos crímenes e inmolaciones patrocinó con sustento ideológico y abundante apoyo económico. Osama Bin Laden pagó sus fechorías con la muerte, pero obtuvo lo que quería: un lugar en la galería de la fama.

          ¿Y qué hay de Barak Obama? Es el superhéroe más famoso del momento y con razón. Pocos recordarán ahora sus reproches a la política exterior republicana, Irak, Afganistán y Pakistán incluídos. "El gobierno sólo puede aplicar medidas estrictas contra los terroristas dentro de los límites de nuestra Constitución", dijo muy circunspecto (junio 2008) criticando a su antecesor, George W Bush. Pero otra cosa es con guitarra. Anoche, 4 helicópteros y 20 soldados de élite de la Marina norteamericana (los temibles SEALS), armados con explosivos, rifles de asalto, dispositivos de visión nocturna y órdenes perentorias de disparar a matar, irrumpieron en la mansión fortificada que escondía a Osama Bin Laden y con un certero disparo en la cabeza fue muerto. Todo, suponemos, dentro de los límites de la Constitución de los Estados Unidos de América. No importarán los aciertos o errores de Barak Obama en el futuro: él será recordado, simplemente, como el Presidente que encontró y dio muerte al terrorista más buscado de la historia. Y a nadie sorprenda cuando The House of Fame exponga su estatua de cera junto a la de Bin Laden.  ARL

jueves, 28 de abril de 2011

EL INCONTINENTE VARGAS LLOSA

           
            Por Alfonso Ríos Larrain


          Mario Vargas Llosa se ha caracterizado por tener posiciones políticas cambiantes y difusas, aunque iba mejorando. Marxista en su época universitaria, fue miembro activo de Cahuide (1953), mojiganga que mantenía vivo al proscrito Partido Comunista Peruano. Desvinculado de aquel grupo, militó en el Partido Demócrata Cristiano, esperanzado en que dicho movimiento proclamara la candidatura presidencial del ex presidente José Luis Bustamante y Rivero, pariente suyo e íntimo amigo de su abuelo. Fallido aquel intento, renunció al PDC, pero mantuvo excelentes relaciones con la Cuba de Fidel, viajando periódicamente a la isla para integrar jurados que premiaban a escritores comprometidos con la revolución. El bullado "caso Padilla" -proceso en contra del poeta cubano Heberto Padilla y de su mujer, la poetiza y pintora Belkis Cuza Malé, simpatizantes de Fidel en sus inicios y, más tarde, en 1971, encarcelados por disidentes- produjo la ruptura definitiva de Vargas Llosa con el marxismo. En los años ´80, reapareció en política oponiéndose a la estatización de la banca propuesta por Alan García en su primer gobierno, asumiendo posturas liberales que luego defendió como candidato presidencial (1990). Derrotado en esa elección por Alberto Fujimori, retoma su carrera literaria en Madrid y Londres, aprovechando su prestigio y talento comunicacional para reprobar con dureza la conducción política y la conducta personal del nuevo gobernante peruano y de su equipo. Las críticas eran de tal calibre que, se dice, Fujimori lo habría amenzado con quitarle la nacionalidad peruana por traición. Ante el peligro de transformarse en apátrida, obtuvo la nacionalidad española (1993) sin perder la de origen, doble condición que mantiene hasta hoy. 

          Este breve perfil político refleja, una vez más, que el corazón predomina en la juventud y la razón, en la madurez. Demuestra, además, que el talento creativo, el arte y la cultura no son patrimonio intransferible de la izquierda, aunque las porfiadas estadísticas jueguen en contra de este aserto. Se dirá que Vargas Llosa es una excepción, pero ¡vaya excepción! Premio Nobel y, por lejos, el escritor latinoamericano más leído y premiado en los últimos 50 años.

          Estimo, sin embargo, que Mario Vargas Llosa ha tenido un grave retroceso: su público apoyo a Ollanta Humala en el ballotage peruano. De Humala dijo: "es un Chávez con lenguaje abrasileñado. Un Estado intervencionista en la economía, nacionalización de los sectores estratégicos, gran desconfianza hacia la empresa privada y el capital extranjero, y medidas en contra de la libertad de prensa. La catástrofe". De Keiko Fujimori: "los criminales y los asesinos pasarían de la cárcel al gobierno y saldrán a la calle a sacar la lengua a todos los que han defendido la democracia en Perú". Y de ambos: "Uno es el sida, la otra es el cáncer". ¡Lindo panorama visualiza el escritor!

          Nadie está moralmente obligado a elegir entre dos males, pero hay un impulso irresistible en muchos líderes de opinión que les obliga a señalar preferencia entre opciones que consideran igualmente nocivas o perversas. No pueden quedarse callados. Como si abstenerse o anular el voto no fuese una opción ética y políticamente válida. Más aún, el negarse a elegir -es decir, la abstención- puede ser el verdadero mal menor que se busca. Y como se trata de "elegir" y no de "hacer", nunca es lícito proponer un mal aunque éste sea menor. Como todas estas cosas debe conocerlas el escritor, presumo que su respaldo a Humala tiene dos posibles explicaciones: mal criterio o rencores que no ha podido superar. En cualquier caso, prefiero a Vargas Llosa como escritor, bien lejos de la política.   ARL

miércoles, 27 de abril de 2011

¡AÚN HAY PATRIA, CIUDADANOS!

      Por Alfonso Ríos Larrain

          Hoy quiero compartir una singular coincidencia. Mientras leía algunos discursos del pastor evangélico estadounidense Adrian Rogers (1931-2005), recibí uno de esos email que circulan en cadena, la mayoría unos bodrios dignos de click y... ¡a la papelera sin abrirlos! Pero como la remitente era una gran amiga, decidí comprobar de qué se trataba. Me encontré con un relato (¿han oído esta palabra últimamente?) que ya conocía y que calzaba al dedillo con la reflexión de Rogers, también reproducida en ese correo.

          El relato:

          Una joven universitaria cursa el último año de su carrera. Como es frecuente en el medio estudiantil, la niña piensa que es de izquierda y, como tal, está a favor de la redistribución de la riqueza. Su papá es de derecha y, como tal, está en contra de los programas socialistas. La mayoría de sus profesores le aseguraban que ser de derecha es un gravísimo error, generando en la chica sentimientos de vergüenza hacia su padre. Y una tarde decidió enfrentarlo. Le habló del materialismo histórico y la dialéctica de Marx, de la desigualdad, las bondades del altruísmo y la necesidad de un Estado omnipotente que reprima al voraz capitalismo. Intentaba convencerlo de cuán equivocado estaba al defender posiciones de derecha, tan crueles como injustas. En eso, como queriendo hablar de otra cosa, su padre le pregunta:

- ¿Cómo van tus estudios?

- Van bien -responde la hija, muy orgullosa y contenta. Tengo un promedio 6.5 hasta ahora. Me cuesta bastante trabajo, pero salgo poco a carretear, pololeo hasta no muy tarde y duermo lo necesario. Me ha ido bastante bien y voy a recibirme este año.

El padre le pregunta:

-  Y a tu amiga Antonieta, ¿cómo le va?

-  Reguleque para mal. No alcanza el promedio mínimo, pero ella pasa en discotecas, se apunta a todas las fiestas, se acuesta tarde, estudia muy poco y falta mucho a clases. No creo que pueda recibirse antes de un par de años.

Su padre, mirándola fíjamente, dice:

- Entonces, habla con tus profesores y pídeles que transfieran parte de tus calificaciones a ella. Sería una justa y equitativa distribución de notas y, así, las dos alcanzarán el promedio y podrán recibirse juntas...

- ¿Estás loco, papá? -reacciona la niña indignada. ¡Me saco la mugre para tener 6.5 de promedio! ¿Te parece justo que todo mi esfuerzo se lo pasen a una galla que le importa un pito su carrera? Créeme, aunque ella sea mi mejor amiga ¡no pienso compartir mi esfuerzo ni regalarle mi trabajo!

Su padre, abrazándola cariñosamente, le dice:

-  ¡Bienvenida a la derecha!

Moraleja: "Es fácil repartir lo ajeno"


          La reflexión de Adrian Rogers:

         "Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo. El gobierno no puede entregar nada a alguien si antes no se lo ha quitado a otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso, mi querido amigo, es el fin de cualquier nación. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola".

          No es habitual una sincronía tan "políticamente incorrecta" en el mismo día. Pero hay quienes suelen pronunciarse para que no olvidemos de que ¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!, devolviéndonos la confianza y el optimismo. El mismo email remata con una cita de Martin Luther King: "No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos".   ARL