martes, 25 de enero de 2011

CONFESIONES DE UN ATEO


El siguiente artículo fue enviado por la seguidora de este blog María Gloria Ríos Larrain. Agradecemos su colaboración.

  

          El doctor José Manuel López es un oncólogo que trabaja en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander (Cantabria, España). En un curioso artículo publicado hace pocos días en el "Diario  Montañés”, el doctor López asegura que al hacer su Declaración Anual de Renta (IRPF) marca la equis (‘x’) en la casilla de la Iglesia Católica. Esto, a pesar de ser ateo.

"Mi pensamiento y mi vida -escribe el doctor López- discurren ajenos a los dioses, en general, y al Dios de los católicos en particular. No comulgué ni fui confirmado, me casé por el civil, mis dos hijos no fueron bautizados y han estudiado en escuelas laicas, como su padre. Por lo breve, digo, ni soy católico ni aguardo orientación de ninguna fe religiosa, la que fuere.

¿A qué viene, entonces, mi chocante postura de destinar la ‘x’ del IRPF a la Iglesia Católica? Algunos la tildarán de gracieta simplona, otros de contradicción incomprensible, de inane provocación, etcétera. Nada opongo a tales opiniones, menos aún si sustentan la idea, más o menos refinada, de que seré aproximadamente un gilipollas. Pero si alguien desea curiosear en por qué un ateo marca su ‘x’ a favor de la Iglesia, quizá le interesen mis tres razones principales:

1) La Iglesia católica es históricamente la organización benéfica más eficiente. No estableceré un ranking de altruismo, pero yo, siendo ateo, dudo que los recursos administrados por la Iglesia sean desdeñables o necesariamente sustituibles. Entonces, voto por mantenerlos;
 
2) Europa está obviando el catolicismo. Asistí recientemente a la misa dominical en un convento de Clarisas, con su inefable olor a musgo e incienso. A mediodía, las monjas ocupan un coro, allá por el ábside; los fieles llenan la pequeña nave y el cura lee sugestivos textos -y lo hace bien- y por un momento me siento parte de algo más grande y más permanente que yo, algo que sosiega la respiración y atempera el pulso, sin necesidad de lapidar a nadie. Luego visité otra iglesia, donde se cantaban bellísimas habaneras de tema religioso. Voto por ese espíritu de paz y concordia, aunque yo no sea creyente; y
 
3) Estoy harto de la beligerancia que existe contra la Iglesia Católica en nuestra sociedad española. Justo por no serlo, me parece inexplicable el furor obsesivo por bajar los crucifijos de los colegios. No veo qué daño causan los símbolos de una fe que no me asiste, pero sí ilustra mi paisaje histórico y emocional. Me espanta el fanático que se jactaba de clausurar escuelas católicas o quemar frailes. No concibo que un absurdo revanchismo haga saludar a gobernantes infames como Chávez y ningunear al Papa, líder espiritual de muchos compatriotas. A mi juicio de ateo, es lógico y deseable que el Estado sea laico, pero sucede que España no lo es. Hay vida inteligente fuera del Estado, así que pongo la ‘x’ para la Iglesia Católica. No vaya a ser que algún insensato la destine a construir mezquitas y tengamos que resucitar a don Juan de Austria. 

José Manuel López
         Médico”

lunes, 24 de enero de 2011

HONDURAS, EJEMPLO DE LIBERTAD

Por Alfonso Ríos Larrain

El profesor, economista y empresario estadounidense Paul Romer (*) visitó Honduras hace 20 días para proponer la creación en ese país de una Ciudad Modelo o “Charter City”. El proyecto se basa en el éxito alcanzado por la República Popular China al concesionar Hong Kong y convertirlo en protectorado británico, y el posterior impulso que el dictador comunista Deng Xiaoping dio a la región de Shenzen y otras 16 charter cities que hoy operan en territorio chino. Estas experiencias -sumadas a las de Singapur, Lübeck, Dubai y varias ciudades californianas- demuestran las bondades de un sistema que ha sacado de la pobreza a millones de personas.
La idea de Paul Romer sobre la ciudad modelo es sencilla. Su base de sustentación no es la tecnología ni el conocimiento, sino buenas normas que permiten canalizar la energía creativa de las personas. La causa del subdesarrollo de países como Honduras son malas leyes que desalientan la inversión y retardan el progreso. Es preciso, entonces, cambiar esas leyes por otras que fortalezcan la libertad de comercio, los derechos individuales y la propiedad privada. Pero no es tan fácil: los cambios profundos generan enorme resistencia de privilegios, “derechos adquiridos” y reclamos populares. Por ello, Romer propone crear esta ciudad desde cero, en un territorio deshabitado, proveyéndola de buenas leyes y procedimientos que incentiven, desde el comienzo, la inversión y la creatividad. Se evitan, así, tentaciones autoritarias porque el poder del gobierno tiene límites muy específicos y nadie está obligado a vivir en la charter city.
Vale la pena transcribir los “considerandos” que tuvo en cuenta el  Parlamento de Honduras para aprobar el pasado 19 de enero, por la casi unanimidad de sus miembros, las reformas constitucionales que permiten la creación de Regiones Especiales de Desarrollo (o ciudades modelos) en ese país, y el primer artículo de dichas reformas:
“EL CONGRESO NACIONAL,

CONSIDERANDO:
PRIMERO:  Que es deber del Estado asegurar una sociedad política, económica y socialmente justa que afirme la nacionalidad y propicie las condiciones para la plena realización del hombre como persona humana, dentro de la justicia, la libertad, la seguridad, la estabilidad, el pluralismo, la paz, la democracia representativa y el bien común.
SEGUNDO:  Que la reducción de la pobreza y la marginalidad es posible lograrla creando nuevas oportunidades de empleo, educación y salud al pueblo hondureño, en condiciones de sustentabilidad económica y ambiental.
TERCERO:  Que en la historia reciente de la humanidad algunas sociedades tan pobres como la nuestra han creado las condiciones para crecer aceleradamente convirtiéndose en sociedades desarrolladas y más equitativas mediante la adopción de modelos de gestión pública que descansan en el otorgamiento de altos grados de autonomía a ciertas regiones del país.
CUARTO:    Que es necesario adoptar esos modelos de gestión para permitir al país competir en mejores condiciones y acelerar el cumplimiento de las metas del Plan de Nación.
 Por tanto,
DECRETA:
Artículo 1.- Reformar los Artículos 304 y 329 de la Constitución de la República los cuales se leerán de la siguiente manera:
Artículo 304.- Corresponde a los órganos jurisdiccionales aplicar las leyes a casos concretos, juzgar y ejecutar lo juzgado. En ningún tiempo podrán crearse órganos jurisdiccionales de excepción. Se exceptúan de esta disposición, los fueros jurisdiccionales de las Regiones Especiales de Desarrollo. Los jueces de estos fueros serán nombrados por el Congreso Nacional por mayoría calificada de las dos terceras partes de la totalidad de sus miembros, a propuesta de las autoridades de la Administración de la Región Especial de Desarrollo de que se trate”.
En medio del debate parlamentario, un opositor al proyecto argumentó que “la ciudad modelo será un lugar en el que dominará el capitalismo salvaje”.  Un adversario de la mayoría le respondió: “A nadie se le obligará a residir en la ciudad modelo contra su voluntad. Si a usted no le gusta el ‘capitalismo salvaje’ puede vivir en otra parte, pero no intente impedir que otros compatriotas elijan donde hacerlo”.  
La República de Honduras, un pequeño país de Centroamérica, demuestra más dignidad y solvencia moral que muchos "grandes". Dirigido ahora por una nueva clase política, comienza a soñar con una patria mejor, con más libertad, más oportunidades y sin pobreza. Y pensar que hasta hace pocos meses muchos solidarizaban con aquel gobernente de gruesos mostachos y sombrero tejano que pretendió vulnerar la Constitución de su país y, sorprendido en sus fechorías, fue expulsado del poder con energía, decisión y sin retorno. Manuel Zelaya es su nombre. Lo último que supe de él era que vivía a costa de los contribuyentes brasileños ¿Se acuerdan?  ARL

(*) Paul Romer es un empresario, economista y profesor universitario designado por la Revista Time como una de las 25 personas más influyentes en los Estados Unidos de América (1997). Licenciado en Matemáticas y Física en la Universidad de Chicago, fue alumno del MIT (Boston) y se doctoró en Chicago (1983). Su ensayo más famoso es  “El cambio tecnológico endógeno” (1990) -publicado en el prestigioso Journal of Political Economy  y traducido a varios idiomas-, una buena referencia de lectura para quien guste de la teoría económica "dura". Hizo clases en las universidades de Chicago, Rochester y Berkeley. Desde 1996, es profesor de la Graduate School of Business de Stanford  y en 1999 obtuvo el “Stanford Business School´s Distinguished Award”, el más alto galardón que esta universidad concede a sus académicos.

viernes, 21 de enero de 2011

RECUERDOS DE VIETNAM

 Por Alfonso Ríos Larrain

En una semana pródiga de conmemoraciones y noticias locales -aniversario del triunfo presidencial de la Alianza, natalicio del “tío Eduardo”, cambio de ministros, solución del conflicto en Magallanes y aprobación de la Reforma Educacional, por destacar lo más llamativo- pocos recuerdan que el próximo jueves se cumple un nuevo aniversario de los “Acuerdos de París”, primer paso para dar término a la Guerra de Vietnam. El 27 de enero de 1973, Estados Unidos, Vietnam del Sur, Vietnam del Norte y el Gobierno Revolucionario Provisional, instaurado en una parte del territorio de Vietnam del Sur por el Frente Nacional de Liberación (FNL), acordaron el cese del fuego y la retirada de las tropas estadounidenses. Ello implicaba la “vietnamización” de la guerra y la inminente reunificación de ambos países. En 1975 cae Saigón, consumando el triunfo definitivo del FNL y, meses después, la instauración de la República Socialista de Vietnam. Por su larga duración (1959-1975), extrema crueldad y resultados, Vietnam es el conflicto bélico más relevante de la Guerra Fría y el de mayor repercusión en la historia contemporánea, después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero nada tuvo mucho sentido en el desarrollo de esta guerra. En 1964, el país más poderoso del planeta -los Estados Unidos de América- intervino en un conflicto casi tribal entre dos países vecinos, ambos pobres y desvalidos, con el propósito de impedir la dominación comunista de uno sobre el otro. Aceptó luchar en ambientes cuya naturaleza desconocía (la selva indochina) y bajo modalidades impuestas por el enemigo (la “guerra de guerrillas”). Y a pesar de infligirle un número de bajas 10 veces superior a las suyas, perdió la guerra. La superpotencia, dubitativa y atada de manos por la opinión pública interna, fue derrotada por combatientes henchidos de entusiasmo ideológico, sentimientos patrióticos y cierta dignidad que contaron, además, con el incondicional suministro humano y material de la Unión Soviética y la China comunista.

Bien conocemos los efectos sociológicos y culturales de la guerra de Vietnam y cómo influyeron en quienes tenemos hoy más de 50 años. Las consecuencias no son todas buenas, ni todas malas. Entre las negativas, el pacifismo irracional que derivó en una suerte de capitulación ideológico-cultural frente a cualquiera forma de lucha, incluido el combate contra el totalitarismo marxista. Una de sus expresiones más sensibles fueron los movimientos hippies y análogos chilensis como Silo.  Las consignas “¡Haz el amor y no la guerra!”, “¡Prohibido prohibir!”, “¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!”, fueron adoptadas por la rebelión universitaria desde 1967 en adelante… claro que sólo en regímenes democráticos, porque los países comunistas jamás toleraron protesta alguna. Ahí están los ejemplos de Hungría 1956, Checoslovaquia 1968 y la masacre de la Plaza Tian’anmen en Beijing, China 1989.

Entre las secuelas positivas de Vietnam destaca la conciencia que adquirió el mundo libre acerca de los objetivos, procedimientos y alcances hegemónicos del comunismo y, en particular, la decidida reacción del pueblo norteamericano, superado ya el desánimo que le produjo tal derrota. En efecto, cinco años después (1980), eligió Presidente por amplia mayoría a Ronald Reagan, demostrando interés en recuperar los valores que dieron forma y vida a su país, vocación de superpotencia y voluntad de actuar como tal, incluyendo el combate contra el Imperio del Mal (*) representado entonces por el comunismo soviético y sus comparsas. Reagan devolvió la autoestima a Norteamérica, transformándose en actor principal de la posterior escabechina a los socialismos reales. Pero debo ser ecuánime: Woodstock, fruto contestatario de Vietnam, legó intérpretes y canciones que conservo en la nostalgia de mi juventud.     

Al finalizar una semana de revuelo noticioso he creído necesario rememorar un acontecimiento cuyas derivaciones nos permiten vivir en un mundo mucho mejor del que vislumbrábamos hace ya 38 años ■  ARL

(*) Video discurso de Ronald Reagan "Imperio del Mal": 
                  http://www.youtube.com/watch?v=FcSm-KAEFFA 

martes, 18 de enero de 2011

TENGO DERECHO A SER FELIZ

Por Alfonso Ríos Larrain

Es difícil encontrar música popular que exalte valores y se identifique con una buena forma de vida. En la mayoría de los casos, la letra de las canciones son rimas en las que abunda la procacidad, chabacanería, estridencia, repeticiones burdas y sin sentido. Pero a veces somos sorprendidos por canciones muy buenas. Es lo que ocurre con “Tengo derecho a ser feliz”  interpretada por José Luis ‘El Puma’ Rodríguez.
La canción reconoce un principio fundamental en los seres racionales: conservar su vida buscando la felicidad.
Les invito a escuchar esta canción y si ya la conocen, óiganla nuevamente. No está demás. Comprobarán en ella una delicada semejanza con nuestra propia vida, nuestros errores, arrepentimientos, esperanzas e ilusiones, y el derecho inquebrantable que tenemos a ser feliz ■  ARL

domingo, 16 de enero de 2011

CAMBIO DE MINISTROS

 Por Alfonso Ríos Larrain

El presidente de la DC, senador Ignacio Walker, declaró a CNN que el cambio de gabinete justificaba las críticas de la Concertación porque había al menos cuatro ministerios que andaban mal. Interesantes revelaciones, aunque no recuerdo semejante predicción cuando Michelle Bachelet pidió la renuncia a su Ministro del Interior Andrés Zaldívar, sólo cuatro meses después de asumir el cargo. Es posible que la capacidad predictiva del nigromante Nacho Walker estuviere menos desarrollada entonces, o que su indiscreto oráculo le impidiese publicitar el adverso vaticinio que afectaba a un correligionario suyo. En todo caso, no quiero hostilizarle porque necesitamos su voto para aprobar la Reforma Educacional.
Malicioso el recuerdo de la “Patrulla Juvenil” que hace Carlos Peña en su columna mercurial de hoy. Es cierto que poco queda de juvenil a tal patrulla, pero la actividad pública de sus integrantes demuestra que mantienen el entusiasmo de antaño, dosificado con la experiencia de haber navegado por aguas más turbulentas que las del propio Bío-Bío... y sin el apoyo de un puente-mecano. Pero Carlos Peña cree que la vanidad es el único aliciente que mueve a los políticos -especialmente a los de derecha- y es incapaz de identificar otros estímulos como las ideas, la voluntad de servir y el patriotismo. Socarrón y majadero, el columnista fustiga semanalmente a la derecha, ofende a sus actores, menosprecia su labor o los ridiculiza. Bueno sería, en todo caso, conocer su currículum para saber qué ha hecho en política, primero como estudiante de derecho de la Universidad Católica en pleno régimen militar -mientras otros jóvenes como él combatían en uno u otro bando- y, luego, como profesor de la misma universidad. De hacerlo, podríamos aquilatar su posición y coherencia.
Veamos el trasfondo del primer cambio de gabinete. La gente, en general, mide a los gobiernos de derecha con parámetros muy distintos que a los de izquierda. Cree, y con razón, que la derecha cuenta con personas capacitadas para gobernar, preparadas, eficientes y realizadoras. Sabe, además, que cada cierto tiempo es necesario que los países sean gobernados por la derecha para ordenar las finanzas públicas, imponer autoridad, impulsar el crecimiento y restablecer ciertos valores abatidos por la izquierda. Pero la evaluación popular de los gobiernos de derecha responde a criterios de acierto-desacierto, sin importar los antecedentes que condicionen tales resultados. Prevalece el éxito o fracaso de su gestión. De muestra, el rescate de los 33 mineros que alzó la popularidad del actual gobierno a guarismos del 80% y el inmediato descenso de 30 puntos porcentuales por el rumor de intervención presidencial en las elecciones de la ANFP; o la naturalidad con que la opinión pública pondera la creación de casi 400 mil empleos en el primer año de gobierno derechista, frente al impacto que generan despanzurros como los del ex ministro Ravinet; o el crecimiento económico de 6% que tendrá el país en igual período, frente al justificado aunque desprolijo intento de mitigar una discriminación que favorece a 180 mil chilenos y perjudica a los 17 millones restantes. Pero las cosas son así y estamos notificados: los gobiernos de derecha no sólo deben mostrar seriedad de propósitos sino buenos resultados. Siempre, en todo momento. Nada se les perdona y si no cumplen serán inmediata y duramente castigados.
Con la izquierda, en cambio, el pueblo es misericordioso: no la juzga por los resultados ni le exige probidad. Puede, por lo tanto, darse algunos “gustitos” y mantenerse en la cresta de la ola. Edgardo Boeninger, el ministro más inteligente que tuvo la izquierda en 20 años de gobierno, dijo que “en la Concertación se pensó que así como el dinero privado favorecía fundamentalmente a los partidos de derecha, no sería ilegítimo (que la Concertación recibiera) financiamiento público a través de los recursos estatales destinados a los programas sociales. Es una percepción profundamente equivocada que facilitó conductas reprochables… y la Concertación corre el riesgo de que el tema de las corruptelas la manche definitivamente” (“El Mercurio”, 3 de diciembre de 2006). ¿Y qué les pasó? Nada o muy poco. Perdieron el gobierno por un ínfimo 3%, pero mantienen su influencia política intacta (los sindicatos de la estatal ENAP amenazaron ayer con bloquear los compromisos comerciales de la empresa si el Gobierno no accede a las demandas de los activistas magallánicos), predominan en alcaldías, también en el Senado y alcanzan reiteradas mayorías en la Cámara de Diputados. Gremios, federaciones de estudiantes y sindicatos demuestran que la izquierda está vivita y coleando, reforzada ahora con el entusiasta apoyo comunista.
Entonces, no basta con ser capaces, realizadores, serios y eficientes porque son los requisitos mínimos que el pueblo exige a la derecha. Para enfrentar a la izquierda es imprescindible incorporar políticos de trinchera que conozcan sus procedimientos y la neutralicen. Es el aporte que el país espera de Evelyn Matthei y Andrés Allamand ■ ARL