jueves, 19 de mayo de 2011

"ARTS ET MÉTIERS": UN GRAN MUSEO

       Por Alfonso Ríos Larrain    
       
          Escribo desde París, primera etapa de un viaje que incluye tres países europeos. He visitado esta ciudad en varias oportunidades, pero no había dedicado al Conservatorio Nacional de Artes y Oficios ("Musée des Arts et Métiers") el tiempo que merece. Hoy lo hice en un recorrido de cuatro horas, interrumpido por un sandwich y una bebida en la cafetería emplazada sobre el patio adquinado del mismo museo.

          Durante las primeras horas, me uní a un grupo de escolares bretones monitoreados por una guía muy buenamoza que relataba la destrucción de la iglesia primitiva por la invasión normanda y la reconstrucción en el mismo lugar del monasterio Saint Martin des Champs ordenada por Enrique I en el siglo XI, guardando para él los terrenos circundantes... ¡Capricho de reyes!  Siglos más tarde, durante la Revolución y la sangrienta tiranía de Robespierre, el monasterio fue refugio de colecciones privadas muy valiosas cuyos dueños procuraban salvar del saqueo generalizado. Terminado el terror que laceró espiritual y materialmente a Francia, el abad Grégoire planeó la creación de un conservatorio de tecnología adyacente al monasterio: recicló máquinas, utensilios y maquetas, e incorporó las colecciones que Jacques Vaucanson había donado a Luis XVI en 1782. Consciente del inestimable patrimonio que tenía en sus manos, Grégoire dio forma a un museo con fines didácticos, estimulando todos los géneros de arte y oficios que consideró útiles para el reconstrucción y desarrollo de su país. La exposición de decenas de miles de objetos expuestos en salas acogedoras, ordenadas con sencillez y armonía, dan cuenta del ingenio y creatividad de artesanos, científicos y artistas cuyo talento fue, es y será siempre motor del progreso.

          Muchos objetos llamaron mi atención. La verdad, casi todos. Unos, por su complejidad o sofisticación que superan mis limitados conocimientos de algunas ciencias. Aunque suene a disculpa, recordé nuevamente la malla curricular obligatoria del Ministerio de Educación chileno que forzaba enseñanzas tan "prácticas" como empastar libros, fabricar lustrines o memorizar el aparato reproductor de moscas, ratones y guarisapos (en los colegios de niñas enseñaban a bordar y eran expertas en madejas y pespuntes), pero muy poco de arte y filosofía, arreglar una panne elemental de auto o aplicar primeros auxilios en caso de urgencia ¿Habrá algún cambio positivo desde entonces? Me temo que muy pocos. Otros, por la época en que dichos objetos fueron concebidos, demostrando una vez más que el desarrollo de la humanidad es consustancial al individuo: remolón cuando se coartan sus derechos fundamentales y prolífero cuando tiene libertad. Un buen ejemplo de que la fuerza puede dilatar el progreso pero jamás detenerlo es el "eppur si muove" ("y sin embargo se mueve") murmurado entredientes por Galileo, luego de ser forzado por la Inquisición  para que  abjurara  de  sus  teorías acerca del movimiento de la tierra, amenazándolo con torturas y cadena perpetua. La ciencia demostró que las amenazas irracionales postergan el conocimiento de la verdad, pero no la cambian. 

          Pero lo más conmovedor en este museo es la exaltación implícita de la mente humana, de la razón, la inteligencia, la capacidad indómita del hombre para crear belleza, bienestar y acceder a mayores grados de felicidad. La mayoría de los objetos están expuestos en progresión histórica encadenada con la génesis, perfeccionamiento y actualización del invento científico, artístico o tecnológico pertinente. El péndulo que León Foucault construyó para demostrar la evidencia de la rotación de la Tierra (1851), cuya esfera oscila inagotable en la iglesia Saint Martin des Champs, es todo un símbolo del museo: siglos de luces y de sombras, de tiranía y libertad; de pobreza, resignación y grandeza. Cuentan que un niño, al observar la esfera que iba y venía, intentó detenerla con sus manos. Le advirtieron que no podía hacerlo. Inocente, el infante retrucó: "¡Entonces que lo haga un grande!". ¿Seremos capaces los adultos de alejar esta esfera de la esclavitud y que el péndulo oscile entre polos de libertad?  ARL

viernes, 13 de mayo de 2011

TESTIMONIO DE UN LIBERAL

Nota del editor:
Extracto del discurso pronunciado por el economista español Pedro Schwartz (76) al recibir el "Premio de Economía Rey Juan Carlos". Madrid (España), 16 de noviembre de 2010
===================================================


       "Su Majestad:

      "Cursaba el segundo año de Derecho cuando participé en las protestas estudiantiles de febrero de 1956 que organizaron muchachos comunistas, hoy arrepentidos de su desplazado radicalismo. Me involucré en esas manifestaciones como parte de un círculo liberal esperanzado de ver una España democrática, templada por el poder arbitral de un rey. No imaginaba el terremoto que esas protestas causarían en mi vida. No sólo enfrenté dos procesos penales y, más tarde, el extrañamiento, sino la oposición del Gobierno para que yo pudiese entrar al servicio diplomático. Pero mi padre me compensó generosamente financiándome cinco años de estudios de doctorado en la London School of Economics (LSE). Me convertí, así, en un historiador del pensamiento económico.
 
      "Aún estudiante de Derecho, vi en una librería de Madrid un libro cuya portada me llamó la atención. El título: "La sociedad abierta y sus enemigos"; el autor: Karl Popper. La cubierta mostraba los retratos de tres de esos enemigos: Platón, Hegel y Marx. Su lectura me dejó confundido: ¿enemigos esos grandes pensadores por los que tanta admiración sentían mis profesores y compañeros de convicciones democráticas?
 
       "Ya inscrito en la LSE, caminaba un día al refectorio y en la puerta de un despacho leí un letrero que decía: «K. R. Popper». Sin dudar llamé a la puerta y pregunté a la mínima figura sentada tras el escritorio: «¿Es usted el autor de "La sociedad abierta y sus enemigos"?» Me contestó que sí y le pedí permiso para asistir a sus clases de filosofía y metodología. Empezaba mi crucial período de formación en lógica y teoría del conocimiento.
 
      "Suspendí un año y medio el estudio de materias económicas para dedicarme a la filosofía, distracción que agradezco porque considero que la falta de conocimientos filosóficos es la causa principal de los bandazos y mal dirigidos entusiasmos de muchos de mis compañeros. Un pequeño resultado de esa colaboración con el maestro Popper fue mi traducción de "La miseria del historicismo", trabajo que dio inicio a mis esfuerzos para que Popper fuera conocido en España. 
 
      "Conseguí que mi supervisor de doctorado fuera el gran Lionel Robbins, pronto elevado a Par del Reino. Lord Robbins no era sólo un famoso maestro de teoría económica; era, también, un destacadísimo cultor de doctrinas económicas y muy exigente en materias de precisión histórica. Había trabajado con Keynes y tuvo buena amistad con Schumpeter. Estimaba necesario familiarizarse con los autores del pasado y que se les juzgara científicamente. Saber colocar a cada autor en su tiempo y evaluar sus aportes científicos, es lo que fascina y da utilidad a la historia del pensamiento económico.
 
      "Fue Popper quien me sugirió hacer mi tesis sobre John Stuart Mill, cuya teoría del conocimiento él valoraba en su justa dimensión. Al final, me incliné por el estudio de la nueva economía política de Mill, bastante alejada del capitalismo puro de su padre y de David Ricardo. Con mi tesis y el libro que de ella resultó, atribuí a Mill (creo con justicia) el inicio de mi concepción del liberalismo. Él creía posible dividir la economía política en dos campos: uno, el de las leyes de la producción de riqueza en un mercado libre, normas necesarias de obedecer si se busca la prosperidad de un país; el otro, el de una justa distribución de lo producido, facilitando reformas institucionales que favorezcan a los trabajadores y a las mujeres. Por un lado, era preciso fomentar la productividad y la competencia; por el otro, acabar con la discriminación de clase y de sexo. La propuesta de Mill, que distingue reglas de producción y modos de distribución, es el origen de las versiones más moderadas del socialismo económico que conocemos hoy ¿Quién no ha oído a los socialdemócratas de turno que para repartir es previamente necesario producir? Si agregamos la idea, también de Mill, de que la felicidad de los individuos es el criterio para juzgar la perfección de las sociedades, tenemos como resultado el Estado de Bienestar.
 
      "Los fabianos en Inglaterra o los liberales de Sagasta y Alba en la España de comienzos del siglo XX; Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos, tras la gran depresión prolongada por su New Deal; también Keynes y Beveridge, cuando preparaban la paz para después de la Segunda Guerra Mundial; todos ellos oían voces liberales en el aire, pero en realidad no hacían sino repetir lo escrito por Mill un siglo antes, desde su despacho de la East India Company ¡Así de importante son las ideas!
 
      "De vuelta a España, escribí otra tesis doctoral, pues la inglesa no era reconocida por las autoridades de España. El tema que elegí fueron las teorías de la población de Malthus. En este punto, también he cambiado de opinión. Esa tesis que presenté en la Universidad Complutense de Madrid, estaba motivada por el temor de que la humanidad, multiplicándose sin freno, quedase atrapada en la trampa de la malthusiana superpoblación. También por influencia de Mill, llegué a pensar que era necesaria una política pública para contener el crecimiento desbocado de la población, especialmente en los países en vías de desarrollo. Una versión más actual de esta creencia malthusiana es la convicción del próximo agotamiento de los recursos naturales sostenido por el Club de Roma y, de otra forma, por los agoreros del cambio climático. Ahora, y sobre la base de evidencias teóricas y estadísticas, creo que el número de hijos puede y debe dejarse del todo a elección de los progenitores. Con un lapso que a veces se nos antoja eterno, los individuos han sabido adaptar el tamaño de sus familias a lo que mejor pueda convenirles a ellos, a sus hijos y a la sociedad, salvo cuando interfiere el Estado, como ocurre en China. No publiqué esa tesis y ahora estoy preparando una versión ampliada que titularé "¡Malthus destronado!".
 
      "Como se verá, este no fue el único cambio de opinión en mi vida. En el país de «sostenella y no enmendalla», las retractaciones minan el prestigio. Hay dos maneras de cambiar de opinión. Una es la de Keynes. En cierta ocasión alguien le reprochó defender lo que había criticado. Keynes replicó: «Cuando cambian las circunstancias, cambio de opinión. ¿Usted no?». Es conocida la queja de Churchill: "Cuando pido opinión a tres economistas me dan cuatro: dos de ellas son de Keynes". La otra, más digna, es cambiar de opinión no para adaptarla a las circunstancias, sino por creer que la primera es falsa en todas las circunstancias.
 
      "Terminado el extrañamiento que se me impuso (1969), obtuve la cátedra de Historia de las Doctrinas Económicas en la Universidad Complutense de Madrid. El que se convocara a concurso y yo lo aprobara, siendo, a juicio del Gobierno, persona non grata en Madrid y en su principal universidad por mis actividades políticas, es un indicio de que muchas veces se exagera el autoritarismo del régimen de Franco.
 
      "Tuve mis primeras dudas sobre el ideario socialdemócrata cuando trabajé en el Servicio de Estudios del Banco de España. Buscábamos con pasión aumentar la racionalidad y mejorar el funcionamiento del sistema financiero con modelos keynesianos y, al mismo tiempo, con instrumentos monetaristas. Esta evidente contradicción ahondó mis dudas, preguntándome sotto voce por qué seguía soñando con una política social tan ineficiente. ¿Era este el criterio de eficiencia para conducir la política económica? Puestos en la tesitura de elegir ente libertad o seguridad, ¿no sería mejor ser pobre que siervo? Estas y otras preguntas me llevaron nuevamente a la London School of Economics (1972) para cursar un master de economía que me diera una respuesta convincente.
 
      "Las enseñanzas recibidas en ese curso me hicieron abandonar cualquier atisbo de socialismo liberal y adscribir el individualismo capitalista. De nuevo tuve suerte con mis maestros. Mis profesores no me adoctrinaron al unísono. Por el contrario, aprendí microeconomía con Alan Walters, teoría del dinero con David Laidler y seguí con atención las seductoras enseñanzas de Amartya Sen. Y para que se entienda bien el choque de ideas al que fui sometido, recuérdese que Walters fue uno de los consejeros más directos de Margaret Thatcher cuando ella alcanzó la jefatura del gobierno británico en 1979. Laidler, por su parte, era un monetarista coherente y convincente. Gracias a sus lecciones me convertí a distancia en discípulo de Milton Friedman. Sen, por el contrario, nos hablaba de cómo maximizar una función de bienestar social, en la que "la igualdad" era el supremo valor de la acción social. Las clases de Sen eran casi hipnóticas. Durante dos horas, llenaba la pizarra con derivaciones lógicas sin que sintiéramos cansancio alguno. Me trató siempre con gran respeto, pese a que me sabía opositor a sus doctrinas paternalistas y, a la postre, colectivistas. En mi reciente libro "En busca de Montesquieu", he presentado a Hayek y a Sen como los campeones de dos conceptos antitéticos de la libertad individual: la que cifra la libertad en la posibilidad de decir «no» al poder político y la que sólo la concibe con recursos suficientes para ejercerla. Una lleva al Estado mínimo; la otra, al Estado de Bienestar. Mi conclusión es que Hayek sale victorioso.
 
      "Mi aprendizaje con Friedman, como con Hayek, se inició a través de las clases impartidas por sus discípulos y la lectura de sus libros. Tuve la fortuna de trabar amistad con ambos, sosteniendo largas conversaciones en diversos lugares del mundo, por lo que puedo decir que fueron mis maestros al estilo peripatético de la Academia de Platón. Friedman es el mejor polemista que he conocido. Exquisitamente cortés, una inmensa sonrisa hacía aún más acerados sus argumentos. Los que no podían rebatir sus razones se rebajaban acusándole de ser el consejero áulico del general Pinochet, con el que sostuvo una conversación de tres cuartos de hora con intérpretes, seguida de una carta de dos páginas. Sin embargo, esos detractores "amantes de la libertad" no protestaron por las visitas de Friedman a los jerarcas de la China comunista. Recuerdo muy especialmente la vez que le acompañé a Hong Kong, cuando realizó su película para la serie «Libertad de elegir». Una vez difundida esta serie en el mundo de habla inglesa, conseguí (gracias al apoyo político de Joaquín Garrigues) que se emitiera por Televisión Española en 1981. ¡Eran otros tiempos! Valdría la pena volver a verla para admirar su capacidad de comunicar verdades oportunas e incómodas, incluso para hoy.
 
      "Cuando estaba terminando la redacción de mi tesis sobre Mill, leí por primera vez "La constitución de la libertad"  de Hayek: me sobrecogió la coherencia de su crítica al Estado democrático de Bienestar. Tardé tiempo en aceptar la lógica de sus argumentos y terminé convencido de que se trata de uno de los más grandes libros de filosofía política en la historia de Occidente. Luego colaboré con él  en su defensa al sistema de monedas privadas y competitivas, y formé parte del grupo que le ayudó a editar su último libro, "La fatal arrogancia". Hayek no era sólo una atleta de las ideas, sino además un gran escalador  de riscos, como Termes, otro gran liberal. Recuerdo con qué prisa subía las empinadas gradas del Machu Picchu siendo octogenario. 
 
      "No todo lo que aprendí fue en libros o en aulas. En Inglaterra fui testigo directo del fracaso terminal del laborismo en 1978: "the winter of our discontent", como lo llamó algún periodista lector de Shakespeare. El intento del gobierno de Callaghan de combatir la inflación instaurando una política de rentas y limitando las subidas salariales a un 5%, paralizó la vida británica: hubo huelgas de conductores de camiones, de autobuseros, enfermeras, sepultureros, empleados del ferrocarril, recogedores de basuras, etc., y los mineros amenazaban con repetir sus paros. Incluso, se restringió el suministro eléctrico a la industria tres días por semana. Era muy claro que los laboristas no habían leído las causas monetarias de la inflación previstas por Milton Friedman.
 
      "Las exitosas medidas adoptadas por Margaret Thatcher terminaron por convencerme de que la libertad era posible y necesaria. Antes de volver a España, colaboré en la edición de la correspondencia privada y algunas obras de Jeremías Bentham, filósofo utilitarista. Bentham siempre me fascinó, tanto por la lógica un tanto desequilibrada del utilitarismo, como por sus encantadoras excentricidades.
 
      "Pese a los cantos de sirena de Mill y Sen, fui acendrando mi liberalismo a través del estudio y de la observación. Ayudé a organizar la primera reunión de la Mont Pelerin Society en España (1978). Ese mismo año, con la siempre inestimable ayuda de Joaquín Garrigues, creé el Instituto de Economía de Mercado, un think tank procapitalista, a contrapelo del eclecticismo imperante en los años de los Pactos de La Moncloa. Gané un escaño como diputado independiente en las elecciones generales de 1982, enfrentándome con amigos que promovían la fundación de un Partido Liberal independiente. Mi opinión era distinta: estimaba que para tener algún efecto práctico en nuestra España tan instintivamente estatista, era necesario infundir el espíritu de la libertad económica en un gran partido de la derecha. Lo conseguido durante las dos legislaturas en que gobernó José María Aznar me dio la razón.
 
      "El estudio y la enseñanza de la Historia de las Doctrinas Económicas ha perdido peso en España durante los últimos años, por la creencia cada vez más extendida de que la economía no es más que una técnica y que los cultores del pensamiento económico somos meros historiadores. Leopold von Ranke insistió en que los historiadores tienen primeramente que estudiar el pasado (wie es eigentlich gewesen ist) como verdaderamente ocurrió. Es cierto que la búsqueda de la verdad completa de lo ocurrido es un ideal difícil de alcanzar, pero sin este anhelo por descubrirla el historiador se desorienta. Con la experiencia de los años, he ampliado esta visión de la historia del pensamiento económico incluyendo elementos recogidos de tres fuentes: 1) la crítica de la filosofía y metodología subyacente en las diversas doctrinas económicas; 2) el contraste de las doctrinas económicas con los datos brindados por la observación histórica y la estadística; y 3) el aprovechamiento de las lecciones de los grandes economistas del pasado para el mejor funcionamiento del libre mercado. El pensamiento económico, con ayuda de la filosofía y de la historia económica, puede ser de útil aplicación. Por eso, digo, debemos hacer historia de las doctrinas aplicadas.
 
      "Pese a los avisos y reconvenciones de los clásicos de la economía, empezando por Adam Smith y terminando por Robert Lucas, los gobiernos siguen preocupados de dirigir la política industrial y comercial de sus países, mientras los bancos centrales pretenden controlar el altibajo de los ciclos guardando un sospechoso silencio de los excesos cometidos por prestamistas públicos como origen de la reciente crisis.
 
      "El Presidente y el Congreso de los Estados Unidos de América se atrevieron con Wall Street, pero no con Fannie Mae y Freddy Mac, verdaderos creadores de las «hipotecas basura», y se les permitió crecer hasta tener hoy en sus libros más del 50% de todas las hipotecas del mercado en los Estados Unidos. Estallaron en 2007, arrastrando a casi todo el sistema financiero mundial y forzando su nacionalización. Es característica de las grandes intervenciones estatales aparentar sustentabilidad de largo plazo, pero luego fracasan estrepitosamente. Al mismo precipicio se encaminan los sistemas públicos de salud, pensiones y educación. Se descubre que son insostenibles años después de haber sido creados. Pero entonces el monstruo es incontrolable y lo único que se les ocurre a los políticos es sostenerlos a costa de recortar presupuesto a la policía, a la justicia y a la defensa nacional.
 
      "Pocas son las críticas dirigidas a Alan Greenspan por evitar cualquier amago de recesión manteniendo los tipos de interés nominales artificialmente bajos. Es revelador que la mayor parte de los reproches a su larga gestión como presidente de la Reserva Federal se refieran a su filosofía de laissez faire y no a su intervencionismo inflacionista. Si hubiere atendido a la historia del pensamiento económico, Wicksell le habría dicho que es imprudente mantener durante años el tipo de interés nominal por debajo de lo que se intuye como tipo real. Y, mucho más atrás, Martín de Azpilcueta en su "Comentario resolutorio de cambios" (1556) le habría enseñado que, tarde o temprano, el aumento de la cantidad de dinero se traslada a los precios y hace que la moneda pierda valor. También debió hacer caso a David Hume, quien advirtió que los precios de todas las cosas dependen de la proporción entre los bienes y el dinero (1752).
 
      "Como hemos dicho en un reciente estudio para el Parlamento Europeo, el plazo de traslación total del aumento de la cantidad de dinero a los precios ocurre en un lapso de nueve a diez años. Verdad es que un decenio resulta un tiempo demasiado largo para cualquier ministro de Hacienda o gobernador de banco central. «A largo plazo, todos muertos», dijo Keynes en un escrito de hace casi noventa años, emulando la frase de Juan Tenorio: «¡Cuán largo me lo fiais!», pues ansiaba satisfacer sus impulsos sin curarse del infierno que le esperaba. No es prudente rendirse al mero impulso de «algo hay que hacer» cuando ni siquiera se sabe las consecuencias que seguirán de inmediato y sí se pueden prever los resultados fatales de largo plazo. «De lo que no se puede hablar, mejor es callar» decía Wittgenstein. Sorprende, pues, que tras el desastre causado por el activismo de Greenspan y sus colegas europeos, aún hay bancos centrales empeñados en la «microgestión» del ciclo económico y en la creación de empleos con la política del tipo de interés. Prestan oídos a jóvenes economistas cuantitativos que malgastan tiempo y dinero en el intento de rescatar la antigua curva de Phillips, consignada por Friedman al limbo de las teorías olvidadas. Ahora la insertan en modelos neokeynesianos, con los que obtienen resultados que pronto se esfuman.
 
      "Habrán podido ver que este economista de larga trayectoria no ha dejado de predicar, de enseñar y de investigar. En años más recientes he buscado combinar la vida académica con la vida práctica. He sido creador o partícipe de varios think tanks para la defensa de la economía de mercado, con éxito desigual, pues la sociedad española es muy poco dada a financiar centros de opinión verdaderamente independientes. Sigo presente en los medios para defender ideas que creo positivas, aunque desentonen con la ortodoxia dominante. Pero mi principal dedicación ha sido la universidad: la Complutense, la Autónoma, la Saint Louis y San Pablo CEU. A todas he llevado mi Seminario de Cátedra, en todas he dirigido tesis doctorales y en todas he impartido enseñanza. He tenido la suerte de encontrar en el CEU una atmósfera propicia para quien, como yo, defiende la libertad individual y la iniciativa privada.
 
      "Espero que después de oír este relato de mis aventuras por el hermoso mundo de las ideas y el arduo mundo de la realidad, el jurado no se arrepienta de haber distinguido con tan preciado galardón a un economista disconforme".

domingo, 8 de mayo de 2011

ALZA DEL PAN


       Por Alfonso Ríos Larrain


          En carta publicada en El Mercurio del pasado viernes 6 de mayo, la lectora Fernanda Perello pregunta por qué sube el pan mientras ella no puede vender su trigo por el bajo precio que ofrecen los molinos. Hay distintos motivos. Uno de ellos está implícito en su misma queja: al guardar su trigo, ella comprime la oferta generando escasez; esto encarece la harina, producto necesario para fabricar el pan. Si todos los productores de trigo tuviesen la capacidad financiera de doña Fernanda para almacenar sus cosechas y esperar condiciones de mercado más favorables para venderlas, los molinos estarían obligados a pagar más. Pero, según parece, hay trigo suficiente, los molineros estiman que la harina resiste un aumento de precio y los panaderos creen que el nuevo valor del pan, aunque pudiere afectar el consumo, mantendrá su negocio en pie y en condiciones saludables. Así de claro y sencillo.

          El director de Odepa, espoleado por la demagogia reinante, advierte una posible colusión de precios entre panaderías y promete investigar porque, según sus "rigurosos análisis" (sic), el alza debiera ser menor a la que anuncian los panaderos. ¿Es posible imaginar comportamientos monopólicos entre más de 5.500 fabricantes de pan que operan actualmente en Chile? Como la respuesta negativa es evidente, presumo que el diagnóstico de este funcionario está contagiado por la cantinela socialista que gusta restringir la libertad económica. Si la verdadera preocupación del gobierno es el daño que el alza de precio del pan provoca en el presupuesto de los más pobres y las consecuencias inflacionarias que reflejará el IPC, encárela con las herramientas legítimas que tiene el Estado para influir positivamente: disminuya los impuestos, el gasto público y la burocracia; procure mayor flexiblidad laboral y deje que el mercado arbitre el natural conflicto de expectativas entre productores, fabricantes y consumidores. Si así lo hiciere, ahorrará tiempo y gasto en "rigurosos análisis" de negocios privados y evitará incursiones como las del director de Odepa y de otros funcionarios públicos, tan amenazantes como insensatas.

          Doña Fernanda debe buscar respuestas a su inquietud en la ley de la oferta y la demanda. Hubo hace años un diputado de izquierda que propuso derogarla. Desde las bancadas de derecha le retrucaron: "Apoyamos su inciativa, honorable colega, pero con una condición: deroguemos al mismo tiempo la ley de la gravedad".  ARL

Nota del editor:  El diario El Mercurio de Santiago publicó un extracto de este artículo (07 mayo 2011)

martes, 3 de mayo de 2011

COLETAZOS DE "OSAMA, OBAMA Y LA FAMA"


Nota del Editor: Con motivo del blog anterior "Osama, Obama y la Fama" recibimos el siguiente comentario de María Gloria Ríos Larrain que reproducimos in extenso.

----------------------------------------------------------------------------------------- 


"Entretenido artículo. Un alcance respecto a la fama.

Los ingredientes de la receta que hoy se emplea para alcanzar la fama son muy diferentes a la época de Virgilio. Entonces, era un concepto más "artesanal", mucho más austero y carente de "preservantes" (marketing). Por eso, pensadores, héroes, santos, guerreros, políticos y artistas de antaño deben su grandeza y veneración al mérito de su propio quehacer. Su fama trasciende la historia; permanecen, los citamos y recurrimos a ellos para avalar nuestras palabras.

Hoy, en cambio, la fama se construye en una gran fábrica. La manda a hacer cualquier engreído, cualquiera autoridad, gobierno o grupo que busca aprovechar una oportunidad para obtener dividendos. Y así fabricada, con el ingrediente de la frivolidad, se da fama a ciertos personajes que son tan efímeros como la acción que la generó y nos olvidamos rápidamente del "famoso" y de su obra apenas aparece otro que, merecidamente o no, lo opaca o lo mata. Con Obama y Osama, ambos productos del mercado, pasará lo mismo.

La fama de Barak Obama es producto del racismo: el mejor marketing para él, aunque indirecto, ha sido su color. Lo haga bien o mal, Obama pasará al Museo de Cera como el primer presidente negro de los Estados Unidos de América, aunque su obra logre superar mil veces su origen keniata. En otros tiempos, Osama Bin Laden habría sido un bárbaro invasor o un simple cuatrero, pero ha subido al altar de la fama gracias a las imágenes -mil veces vistas- del perfecto acto vandálico que ideó, programó y ayudó a ejecutar. No hubo nada más profundo en este acto que la inspiración de su odio. A eso debe su fama, además de la espectacularidad del atentado, por supuesto. Desde entonces, cuando las nuevas generaciones viajan a Nueva York les muestran el hoyo que hizo un árabe loco.

Será que pienso así porque conozco íntimamamente los mecanismos y mañas para levantar un producto, como también la fragilidad con que desaparecen cuando dejan de ser negocio. De momento se escribirán libros, se hará cine, se reactivará el negocio de las armas, de la prensa, de las religiones, de la seguridad, etc. Pero la lección que debiéramos sacar de este episodio -la TOLERANCIA- se habrá olvidado una vez más, tal como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia. Y el episodio, con otro nombre y distintos actores, se repetirá una y mil veces. Es el viejo cuento del bueno y del malo, aunque mucho más efímero de aquel otro que conocimos en nuestra infancia: La Caperucita y el Lobo Feroz .

Pido disculpas por esta larga reflexión. Espero no ganar fama de latera. Si así ocurriere, ojalá sea pasajera y se desvanezca minutos después de su lectura".

                  María Gloria Ríos Larrain

lunes, 2 de mayo de 2011

OSAMA, OBAMA Y LA FAMA

     Por Alfonso Ríos Larrain


          La fama, sin adjetivos, es un concepto neutro. Virgilio, consciente de que la envidia y la sospecha suelen redituar dividendos sociales más sustanciosos que presumir la bondad o buena fe en las acciones del prójimo, la define como malum quo non aliud velocius ullum ("un mal veloz como ninguno"), personificándola en un monstruo horrendo que representa el demoníaco poder de la publicidad y el rumor (Libro IV de La Eneida). Si Osama Bin Laden hubiese leído al gran poeta romano pudo aplicar para sí mismo una de sus máximas más famosas: "Vigila a quien pisas al subir porque te lo encontrarás al bajar". Sin embargo, el millonario terrorista saudiárabe no estaba para perder tiempo en recomendaciones que lo distrajesen de sus afanes político-religioso-criminales, de sus intereses financieros y de la necesidad de buscar refugio para evadir el implacable acoso de sus rastreadores. Ahora es tarde. Su cuerpo (según nos informan) está en el fondo de algún océano, mientras su alma (según predicaba) habrá sido acogida en hermosos jardínes, con los buenos vinos y las hermosas vírgenes que promete el Corán, rodeado de terroristas cuyos crímenes e inmolaciones patrocinó con sustento ideológico y abundante apoyo económico. Osama Bin Laden pagó sus fechorías con la muerte, pero obtuvo lo que quería: un lugar en la galería de la fama.

          ¿Y qué hay de Barak Obama? Es el superhéroe más famoso del momento y con razón. Pocos recordarán ahora sus reproches a la política exterior republicana, Irak, Afganistán y Pakistán incluídos. "El gobierno sólo puede aplicar medidas estrictas contra los terroristas dentro de los límites de nuestra Constitución", dijo muy circunspecto (junio 2008) criticando a su antecesor, George W Bush. Pero otra cosa es con guitarra. Anoche, 4 helicópteros y 20 soldados de élite de la Marina norteamericana (los temibles SEALS), armados con explosivos, rifles de asalto, dispositivos de visión nocturna y órdenes perentorias de disparar a matar, irrumpieron en la mansión fortificada que escondía a Osama Bin Laden y con un certero disparo en la cabeza fue muerto. Todo, suponemos, dentro de los límites de la Constitución de los Estados Unidos de América. No importarán los aciertos o errores de Barak Obama en el futuro: él será recordado, simplemente, como el Presidente que encontró y dio muerte al terrorista más buscado de la historia. Y a nadie sorprenda cuando The House of Fame exponga su estatua de cera junto a la de Bin Laden.  ARL