martes, 26 de abril de 2011

EL DOLOR DE LA LIBERTAD

           Por Alfonso Ríos Larrain

          El 18 de diciembre de 1976 una singular noticia acaparó el interés del mundo. Ese día, en Zurich, se formalizaba un canje propuesto por el presidente chileno Augusto Pinochet al líder soviético Leonid Brezhnev: Chile liberaba al ex senador y dirigente comunista Luis Corvalán, mientras la Unión Soviética hacía lo propio con el joven político, escritor y disidente ruso, Vladimir Bukovsky. La negociación tuvo los ingredientes de un auténtico thriller, combinando intrigas y maquinaciones diplomáticas con el suspenso y forcejeos políticos característicos de la Guerra Fría. El desenlace fue óptimo. Las partes cumplieron cabalmente lo acordado y los "canjeados" obtuvieron lo que anhelaban: Corvalán, el paraíso soviético;  Bukovsky, la libertad. Hubo importantes diferencias en el exilio de ambos, pero también algo en común: su antipatía a la Unión Soviética. La del ruso, declarada; la del chileno, silenciosa.

          Luis Corvalán, histórico proselitista del estalinismo, nunca estuvo cómodo en la Rusia soviética e intentó regresar a Chile desde el primer día, pero sus deseos contrariaban al anfitrión ¿Cómo explicar que tan distinguido huésped abandone una pensión VIP all included y vuelva a un país gobernado por enemigos declarados de la Unión Soviética y de todo lo que ella representa? Algo no cuadraba. O el "paraíso" soviético no era tal, o la "cruel dictadura pinochetista" no era tan cruenta ni tan dictatorial, incluso tolerante con movilizaciones opositoras que la propaganda comunista se empeñaba en negar. En cualquier caso, la nostalgia de Luis Corvalán ruborizaba al Politburó, al punto de dilatar más de siete años la autorización para su regreso a Chile (1983), previo tres cirugías plásticas a que fue sometido para camuflarlo. No apostató de sus ideas comunistas, pero jamás volvió a oírsele alabanzas al "hermano mayor" que había encandilado su trayectoria política.

          Vladimir Bukovsky eligió a Cambridge, Inglaterra, como lugar de exilio. Desde ahí contó su historia que incluye años de cárcel, trabajos forzados y reclusión en clínicas psiquiátricas de la Unión Soviética por "graves delitos", como traducir escritos considerados  anti-soviéticos, participar en manifestaciones de apoyo a escritores encarcelados y denunciar abusos en contra de disidentes. Autor de varios libros y ensayos críticos relacionados con la frivolidad y cobardía del mundo libre para condenar al comunismo, quiso reactivar una suerte de Juicio de Nuremberg para investigar y definir responsabilidades políticas y penales por crímenes atribuidos a los jerarcas soviéticos.

          Pero hay otra faceta común en ambos personajes: la ingratitud a quien propuso el canje para liberarlos. El silencio de Corvalán es comprensible. El del ruso, en cambio, injustificable. Bukovsky tenía 33 años cuando fue liberado por iniciativa de Augusto Pinochet. Doce de aquellos años los pasó encerrado en cárceles, hospitales y campos de concentración de su país, vivencias que relata descarnadamente en su famoso libro "El dolor de la libertad", conmovedor testimonio autobiográfico que refleja severidad, rigor y valentía. Las mismas virtudes han de servirle para agradecer a quien debe su libertad y, quizás, su vida. Aún es tiempo. Tiene 68 años y permanece intelectualmente activo.  ARL

martes, 19 de abril de 2011

OPORTUNIDAD PERDIDA

          Por Alfonso Ríos Larrain

            Escribo minutos después de oír a Magdalena Matte en directo renunciando al cargo de Ministra de Vivienda y Urbanismo. En mis largos años de cercanía con la política, pocas veces fui testigo de tanta dignidad, entereza y lealtad con principios y valores que dan sentido a la función pública. No ví en Magdalena Matte el más mínimo resquemor hacia nada y hacia nadie. Por el contrario, tranquila y con el señorío de la tradición republicana que lleva en la sangre, explicó los motivos de su renuncia. En sus breves palabras sólo hubo reconocimiento y gratitud. Agradeció, incluso, a los adversarios que afilaban sus navajas para la estocada final, animados por la frivolidad, rencor y amargura que no mide consecuencias.

          Magdalena Matte ha respondido con clase y desde la plataforma intelectual y humana que empequeñece aún más a esos detractores. Ahora, con cinismo inaudito, algunos diputados de oposición califican de "imprudente" esta renuncia porque puede trabar las investigaciones del caso Kodama. Saben que no es así, pero mienten una vez más. Obvio. Sólo les interesaba exponerla al escarnio público y ser ellos los verdugos, desatendiendo incluso juicios serenos, aunque tardíos, como los del diputado PPD Jorge Tarud: "No creo que la ministra Matte esté involucrada en algo sucio", declaró hace unos minutos a "La Tercera".

          "A rey muerto, rey puesto", reza el aforismo de origen monárquico, y ya tenemos un nuevo ministro: el ingeniero civil y actual intendente de la VI Región, Rodrigo Pérez Mackenna. Me parece bien que el Presidente haya procedido en este relevo con una velocidad que le desconocíamos, pero tengo algunas suspicacias. O la renuncia de Magdalena Matte estaba programada con antelación y se había resuelto su reemplazante; o la premura presidencial obedeció a la necesidad de evitar presiones para nominar al mejor de todos: el senador y también ingeniero civil, Pablo Longueira. Me quedo con la última versión. Ésto, por dos motivos.

          El primero, porque es vox populi que vivienda es un área de gobierno por la que Pablo Longueira ha confesado predilección y para la que reúne todos los requisitos: liderazgo político, experiencia y conocimientos técnicos, vocación social y talento ejecutivo. El Presidente sabe, además, que Pablo estaba dispuesto a desempeñar estas funciones renunciando al cargo de senador, al que no repostulará, y cuyo período termina en 2014.

          El segundo, porque Piñera habrá evaluado los riesgos de tener a Longueira como ministro en una cartera con exposición mediática que incluye erradicación de campamentos, soluciones habitacionales, inauguración de poblaciones, entrega de viviendas, cortes de cinta, etc. Sin olvidar, por cierto, los dividendos publicitarios que aprovechará el nuevo ministro al entregar parte de la gigantesca obra de reconstrucción 27F desarrollada por su antecesora. En fin, mucha prensa. Demasiada, a juicio de Piñera y de los "presidenciables" que hacen fila en su gabinete, todos muy temerosos de que Pablo entre en carrera restándoles cámara y minutos de televisión.

          La triste noticia que acaba de darnos Magdalena Matte pudo tener un feliz desenlace: el nombramiento de Pablo Longueira como Ministro de Vivienda y Urbanismo. El general José Joaquín Prieto no tuvo las aprensiones de Sebastián Piñera para nombrar ministro a Diego Portales; tampoco las tuvo don Manuel Montt con Antonio Varas, Napoleón con Fouché y Talleyrand, o Nixon con Henry Kissinger. Bien le haría a nuestro Presidente repasar las biografías de insignes colegas que comparten su gloria con grandes ministros.  ARL

domingo, 17 de abril de 2011

DESPUÉS DE FUKUSHIMA

            Por Alfonso Ríos Larrain


            ¿Qué pasará con la energía nuclear en el mundo después de Fukushima? Ante todo seguirá la discusión, ojalá lo más racional y científica posible, acerca de  sus ventajas y peligros. Habrá mucho de fantasía en el rediseño de políticas energéticas, postergando la puesta en marcha de la energía atómica en países que no la tienen, y de romanticismo para reemplazarla por energías azules, eólicas, geotérmicas, mareomotrices, solares, undimotrices, etc. Lo mismo ocurrirá en Chile, donde los ecoterroristas criollos viven "su minuto feliz", pero el mercado los volverá pronto a la realidad. ¿Por qué? Porque los chilenos necesitamos energía, lo más barata y eficiente posible, para vivir y crecer. Plañideros, admitirán que los ríos y corrientes de agua dulce son recursos naturales que pueden ser intervenidos por el hombre para proveer energía limpia y renovable, sin afectar el ecosistema, aceptando luego la posibilidad de una patogonia "con" represas. Y, quién sabe, en una de esas hasta descubren las bondades de la energía nuclear como alternativa para que no intervengamos el sol, el viento o las olas del mar.

            Algún indicio nos ha dado Artur Runge-Metzer, negociador del cambio climático de la Comisión Europea, quien señaló la semana pasada en Bangkok, Tailandia, que la meta europea de eliminar el carbón como fuente energética antes de 2050 aumentará el papel de la energía nuclear en ese continente... a pesar de lo sucedido en Fukushima. Y tiene razón, porque con el carbón proscrito y el petróleo caro, ¿de donde pecatas meas para obtener energía buena y barata en Europa? Pero la canciller alemana, Angela Merkel -no está claro si por íntima convicción, presionada por las encuestas o por el encorvamiento socialdemócrata que exhibe desde hace un tiempo-, abogó por "repensar" el modelo energético de su país y abandonar rápidamente la energía atómica: "Siempre fui una defensora de la energía nuclear, pero he cambiado mucho tras comprobar que no han sido suficientes los planes de seguridad de una central en un país desarrollado", dijo ayer muy compungida. Y Alemania, donde no saben escribir la palabra terremoto y creen que tsunami es algo parecido a una cerveza oriental, ¿no es capaz de reforzar su plantas de energía nuclear y disminuir riesgos?

            Es equivocado negar los peligros de las centrales nucleares, pero es mucho más grotesco ignorar que hay más de 400 plantas funcionando en el mundo sin problemas. Están por verse las consecuencias de Fukushima sobre la población y el medio ambiente. Minimizarlas es tan irresponsable como calificarlas de apocalípticas. Por el momento, las cifras indican que el terremoto y tsunami en Japón  ha cobrado 30 mil muertos; Fukushima, ninguno. Pero el tema es demasiado serio para dejarlo en manos de gobernantes que deciden ponderando encuestas de opinión  por sobre análisis científicos; o de burócratas medio-ambientalistas que les importa un bledo la fuente energética para calentar sus hogares, siempre y cuando puedan hacerlo con el dinero de los contribuyentes.  ARL 
  
 

martes, 12 de abril de 2011

JAIME GUZMÁN Y SU PADRE

         Por Alfonso Ríos Larrain
 


          Fui con mi mujer, nuestro hijo mayor, mi nuera y un hermano suyo a la obra de teatro "Guzmán 20 Años". Teníamos curiosidad de ver a Ignacio Santa Cruz en su triple condición de productor, primer actor y sobrino directo del personaje central, el senador Jaime Guzmán. Conscientes de las sensibilidades de izquierda en el mundo del teatro, íbamos dispuestos a soportar parlamentos insidiosos y tergiversaciones de la vida pública y privada del protagonista. Pero somos inmunes a todo ello. Mi mujer es prima hermana de Jaime Guzmán y yo le conocí en 1955 como alumno de los Padres Franceses, colegio donde ambos estudiábamos. Él, tres cursos más arriba que yo. Jaime sucedió a mi hermano mayor como presidente de la Academia Literaria del mismo colegio y en la presidencia de la Juventud Secundaria del Partido Conservador (1961). A fines de los '60, fue propuesto por mi padre como consejero del Hogar de Estudiantes, fundación que recibía a jóvenes provincianos de bajos recursos que estudiaban en Santiago. Años más tarde, en 1987, mi mujer y yo fuimos reclutados por Jaime para ingresar a la UDI. No era fácil, pues, que tragáramos cualquier pantomima del escenario.

          Dejo a espectadores y críticos que evaluén la obra. Me parece, sí, que la figura de Jaime Guzmán es tratada, en general, con delicadeza y respeto. Salvo tres escenas: una, el reconocimiento seguido del majadero reproche por su mediación en favor de personas perseguidas o detenidas por los servicios de seguridad del Gobierno Militar. "Agradezco su ayuda, señor Guzmán, pero esto no exime su responsabilidad de apoyar a la dictadura", le espeta una ensangrentada profesora torturada por la DINA que abraza al bienhechor arrimándose en su espalda. Otra, su vínculo con el ex Presidente Jorge Alessandri, con quien baila tango en un retruécano sketch que sugiere poca virilidad de ambos personajes, recurso escénico que habrá tolerado Santa Cruz como autoreferencia. La tercera, el diálogo de Jaime Guzmán con su padre, deplorable imagen que redunda en la mitología acerca de la relación que hubo entre ellos. Me detengo en este punto para dar mi testimonio frente a inexactitudes y chismorreos que alientan unos y consienten otros.

          Conocí a Jorge Guzmán Reyes, el padre de Jaime, el año 1972, cuando comencé a pololear con mi mujer, su sobrina, y fuimos amigos hasta su muerte. Era entretenido, alegre, culto, fino e inteligente; notable imitador y cantante de voz privilegiada. Su incorregible bohemia y las "penas del alma" deterioraron su voluntad, pero mantenía incólume la cordialidad, señorío y simpatía que cautivó a quienes le conocieron. Su separación matrimonial dejó heridas que el tiempo fue incapaz de curar. Las secuelas de aquel proceso alejaron a don Jorge de sus hijos durante varios años, pero nunca exteriorizó resentimiento. Por el contrario, viniere o no al caso, como el chiste de los fenicios, la Charito, Jaime y la María Isabel eran referentes ineludibles para reforzar algún argumento o instintivo reflejo del cariño, admiración y orgullo que profesaba a cada uno. Vivió pobremente pero con dignidad, al principio con una hermana viuda y, luego, con unas tías viejas, frecuentando siempre a sus hermanos y sobrinos. Jamás recurrió a ellos para solicitar ayudas materiales de ningún tipo: sólo afecto, que retribuía con amistad e ingenio.

          Con el tiempo, Jaime y sus hermanas vencieron la oposición materna y visitaban a su padre. Fueron los mejores años de don Jorge desde su separación. Murió en 1977. Comprobé, entonces, otra faceta suya que muy pocos conocen: su desprendimiento. Correspondió a mi suegro, como abogado y hermano suyo, pedir la posesión efectiva. Apareció un depósito bancario con un importante saldo en dólares que databa más de 15 años. La cuenta no registraba giros: sólo abonos e instrucciones precisas de entregar el dinero a sus hijos después de su muerte. Nadie, absolutamente nadie lo sabía. Y había más. Dejaba una propiedad agrícola de buen secano costero en la localidad de Malvilla, comuna de San Antonio, plantada de eucaliptus y pinos, en sociedad con su primo Alfredo Guzmán. Ese patrimonio pudo servir a don Jorge para evitar penurias económicas, pero consideró que sus hijos lo necesitarían más que él.

          Soy  asiduo lector de biografías y sé que los autores toman licencias al describir sus personajes. Es lo que distingue a un biógrafo de un historiador, pero estimo obligación de ambos conocer todas las aristas que motivan su trabajo. Las fortalezas intelectuales y humanas de don Jorge Guzmán las heredaron Jaime y sus hermanas. Que nadie se pierda. Tampoco el nieto, productor general de la obra y actor intérprete de su tío asesinado. ARL

Nota del editor: El diario El Mercurio de Santiago publicó un extracto de este artículo (13 abril 2011) 

martes, 5 de abril de 2011

UN FIN DE SEMANA ESPECIAL

Por Alfonso Ríos Larrain

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El fin de semana tuvo mucha adrenalina. Desperté el viernes a las 5:30 AM, lo que no me ocurría desde 1970, cuando nuestro compatriota Godfrey Stevens disputó el título mundial peso pluma con el boxeador japonés Sohzo Shaijo en Tokio. La televisión chilena transmitió esa pelea en directo y no teníamos otra solución que truncar el sueño y resistir estoicamente la diferencia horaria con el país asiático. Para el mundial de fútbol Japón-Corea 2002, como Chile no participaba, decidí grabar los partidos y verlos en diferido. Pero el viernes no había escape. Tomé desayuno, me duché y partí raudo con mi mujer al Palacio de los Tribunales para acompañar a nuestro hijo Aníbal que recibía su título de Abogado. Parece que los excelentísimos supremos no tienen cama cómoda. No se entiende de otro modo que fijen esta ceremonia a las 7:30 AM, con el sacrificio que ello implica para quienes preferimos contemplar el amanecer desde un buen colchón y leyendo el diario. Pero el engorro fue plenamente recompensado. Que un hijo obtenga su título profesional, junto al reconocimiento intelectual y social que para él supone, es el feliz término de una etapa formativa que también protagonizamos sus padres. La solemnidad y estricto protocolo que el Código Orgánico de Tribunales y la Corte Suprema imprimen al acto, aplacó cualquier rastro de somnolencia.

De vuelta en mi oficina a las 10 de la mañana, encontré varios mensajes que recordaban una voluntaria oferta mía para llevar a mi nieto al rodeo de Rancagua. Lo había olvidado, pero el niño de casi 4 años, buena memoria y vestido de riguroso huaso esperaba a su abuelo. ¿Qué hacer? Por una parte, había programado asistir a las actividades conmemorativas del vigésimo aniversario del asesinato de Jaime Guzmán y, por la otra, quería honrar el compromiso familiar. Opté por mi nieto y ¡a Rancagua los boletos! Total, pensé, el mundo es de los vivos, la familia es lo primero y, dadas las circunstancias, Jaime me necesita mucho menos que mi nieto.

Pero el día tiene 24 horas. A las siete de la tarde volví a Santiago y con mi nieto, siempre vestido de riguroso huaso, asistimos a la ceremonia en el Memorial Jaime Guzmán. Videos, discursos, testimonios y recuerdos. Bien distinto a la medialuna de Rancagua, pero con varios “puntos buenos”. Un ambiente adecuado para departir y conversar; para abordar diferencias, acercar posiciones y acoger el clamor de unidad que exigen nuestros adeptos. Un buen momento para recordar, revivir experiencias, repasar historias comunes y exaltar lo valioso que hay en ellas. Un espacio para la amistad.    

Carlos Larrain, presidente de RN, pensó distinto. Prefirió ausentarse de los actos conmemorativos del viernes, evitando que su presencia pudiere interpretarse como apoyo personal a la UDI, a su directiva o a sus militantes. O quizás, más provocador, para ratificar su independencia del Gobierno, su animadversión al Presidente Piñera y su rechazo hacia algunas (o muchas) de sus iniciativas, tal como testimonió con su inasistencia del lunes pasado al Comité Político en La Moneda. Ahora, en un berrinche de niño consentido y malcriado, partió a Valdivia, donde atenuó su pataleta en una misa rogativa por Jaime Guzmán. Respeto sus sentimientos, pero repruebo su estilo. Normas básicas de prudencia y buenas maneras debieron aconsejarle que lo cortés no quita lo valiente. “¡Sea fino, mijito!”, le diría su madre, dándole un coscorrón y enviándolo a su pieza castigado. Era el mínimo exigible en su condición de presidente de un partido oficialista, senador designado y político aliado del anfitrión. Además, según le oí en una radio, por el alto concepto intelectual y humano que dice tener de Jaime Guzmán. En fin, el viernes fue un día que Carlos desaprovechó penosamente, con más rabia que buen criterio.

Faltaba la guinda de la torta: Jacqueline Van Rysselberghe. Ella monopolizó el fin de semana. Ayer supe que la intendenta duplicó a Piñera en minutos de televisión, noticias de radio, titulares y crónicas de prensa escrita e Internet; que en dichas mediciones cuadriplicó a los ministros más populares; y que varios políticos se escabulleron por la puertas laterales de la catedral de Santiago para evitar la bochornosa indiferencia periodística originada por una intendenta que les comía la color.  “Esto es demasiado…”, habrá resuelto el stablishment: “¡Hay que sacarla! Poco importa la legitimidad moral de la decisión, pero no aceptamos que esta mujer cope nuestra agenda y nos relegue a un segundo plano”.  Sacrificada el domingo por una decisión política oportunista, sin forma de juicio ni mérito legal o administrativo que lo respaldara, en un remedo de “tribunal popular” avalado, incluso, por algunos partidarios, a otra cosa mariposa… Cuiden esos detractores que no les graben sus promesas, alardes y jactancias para conseguir votos o maquillar su imagen. Quienes hemos sido candidatos y los que ocupan cargos públicos saben muy bien de qué hablo. Casi todos.

La semana comenzó bien. Pablo Longueira está de regreso y las cosas debieran mejorar  ¿Hay mejor expresión de “alianza” que ver a Sebastián y Pablo remando juntos y para el mismo lado?  Unidos será difícil vencerlos ■ ARL